Sierra de Ávila

Castros vetones de Ávila: Ulaca, La Mesa de Miranda y Las Cogotas

Restos de una muralla de piedra seca en lo alto de un cerro con matorral y vistas a un valle amplio

Antes de que llegaran los romanos, los vetones vivían en lo alto de los cerros de esta provincia, detrás de murallas de granito. Tres de esos poblados se pueden recorrer hoy a pie.

Un castro es eso: un poblado fortificado en altura. Se elegía un cerro con buena vista sobre los pastos y el camino, se cerraba con una o varias murallas de piedra seca y dentro se levantaban las casas. Desde arriba se controlaba el ganado, que era la riqueza de aquella gente, y se veía venir a cualquiera con horas de antelación.

Los vetones ocupaban el occidente de la Meseta, en tierras que hoy reparten Ávila, Salamanca, Cáceres y una parte de Portugal. Lo que queda de ellos es sobre todo piedra: las murallas de sus castros y los verracos, esas esculturas de toros y cerdos que aparecen por toda la provincia.

Ulaca, en Solosancho

Está en un cerro alto sobre el valle Amblés, al sur de la Sierra de Ávila, y es el más impresionante de los tres por tamaño. La muralla rodea una superficie enorme de roca y matorral donde aún se distinguen restos de casas.

Dos cosas llaman la atención. Una roca tallada con escalones y cubetas que se suele interpretar como altar, y una construcción excavada en parte en la roca que los arqueólogos relacionan con una sauna ritual. Las dos interpretaciones se discuten: los vetones no dejaron nada escrito que las confirme.

La subida tiene cuesta y piedra suelta. Calzado de monte y agua.

El castro de Chamartín

La Mesa de Miranda es un castro en una meseta alargada, con varios recintos amurallados uno junto a otro. Al lado está la necrópolis de La Osera, donde se encontraron muchas sepulturas de incineración con ajuares de armas y adornos. Ver poblado y cementerio juntos ayuda a entender que aquí vivió gente durante generaciones.

El terreno es más amable que en Ulaca y se recorre con facilidad. Se agradece ir a primera hora o a última, porque no hay sombra.

Las Cogotas, en Cardeñosa

Está al norte de la capital y su nombre es conocido entre los arqueólogos por otra razón: el yacimiento dio nombre a una cultura de la Edad del Bronce, mucho más antigua que los vetones, cuyos restos aparecieron en las capas más profundas. El cerro se ocupó en épocas distintas, y el castro vetón es la última.

Queda cerca de la ciudad de Ávila, y es una buena primera visita para quien no ha visto nunca un castro.

Cómo visitarlos

Los tres están al aire libre. Antes de ir, comprobad en la web de turismo de la provincia o en el ayuntamiento del lugar si hay visitas guiadas, en qué fechas, y si el acceso está abierto: hay temporadas en que se cierra por obras o excavaciones.

Y desde allí, a la sierra

Ninguno de los tres castros está en Manjabálago ni en Ortigosa de Rioalmar, pero en Ortigosa hay un verraco donado al pueblo para mantener la costumbre de aquellas esculturas. Lo contamos en el artículo sobre la web del municipio.

También en esta web: Manjabálago y Ortigosa, contados por su propio ayuntamiento